Perdí los nervios y le grité a mi peque por los zapatos. Lloró y todavía tengo el estómago revuelto. ¿Le he hecho daño?
No. A todas las madres y padres se nos escapa alguna vez. Lo que cuenta para un niño no es tener padres perfectos, sino la reparación: volver, pedir perdón y reconectar. Eso incluso le enseña a arreglar las cosas después de un enfado.
Prueba esto esta noche
Cuando estéis tranquilos, ponte a su altura: «Te he gritado. No estuvo bien y no fue culpa tuya. Lo siento.» Luego un abrazo. Más tarde, piensa qué te hizo saltar (cansancio, prisa, hambre) y prepárate para ese momento.
Cuándo consultar
Si gritas casi a diario o te sientes siempre al límite o decaído, habla con tu médico. Es para apoyarte, no para culparte.
Fuentes oficiales: NHS: Every Mind Matters
No estás solo, no estás sola.



